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Resumen
La distorsión de la imagen corporal es una de las defensas más habituales en los trastornos alimentarios (TA). En el mundo interno de estos pacientes, esta defensa pertenece a la parte disociativa del “yo rechazado”, caracterizada por su resistencia al cambio. Esta parte está estrechamente vinculada al cuerpo y contiene el trauma de recuerdos asociados al rechazo y la vergüenza hacia un cuerpo percibido “como no es”. Este artículo muestra el trabajo con el yo rechazado y su defensa (la distorsión de la imagen corporal) para lograr integrar esta parte dentro del mundo interno de quienes sufren TA u otros trastornos de la imagen asociados.
Introducción a la imagen corporal
Hablar de imagen corporal en los TA es hablar del epicentro del trastorno: el lugar donde muchas personas depositan aquello que no han logrado gestionar de otro modo.
Schilder (1935): la imagen corporal es la representación mental que cada persona construye de su propio cuerpo (cómo se ve a sí misma). Incluye percepción del tamaño y un componente emocional (cómo se siente respecto a esa imagen).
Rosen (1995): la imagen corporal integra cómo percibimos, imaginamos, sentimos y actuamos respecto al cuerpo. Abarca aspectos perceptivos y subjetivos (satisfacción/insatisfacción, ansiedad, evaluación cognitiva y conductas).
En los TA, la autoevaluación está exageradamente influida por el peso y la silueta, generando preocupación e insatisfacción persistentes. Hay una mezcla entre distorsión perceptiva y metas irreales de tamaño/peso. La persona compara su cuerpo con otros buscando “defectos” que “debería corregir” según criterios sociales y estéticos familiares, a menudo aprendidos de forma procedimental en la relación con las figuras de apego.
“La preocupación por el cuerpo es un aprendizaje procedimental.” — Fisher (1986)
Aprendizaje procedimental: forma de memoria a largo plazo inconsciente. El trabajo terapéutico requiere elaborar la percepción corporal tanto procedimental como declarativamente (poner palabras a lo no hablado que el cuerpo expresa en somatizaciones, postura o gestos).
A lo largo del trastorno, la preocupación por peso y forma puede generar angustia y disociación del cuerpo (“salirse de él”):
“Este cuerpo no me pertenece.”
“Siento vergüenza de mis piernas; no soporto mirarlas.”
La imagen de uno mismo no es innata; depende de la experiencia y de la imagen proyectada por los demás. Lo que nos han dicho que somos queda ligado a nuestra imagen (Seijo, 2000). La vida de quienes padecen TA termina orbitando alrededor del significado implícito de esa información.
La distorsión de la imagen corporal y el yo rechazado
Thompson (1992) define la distorsión como un estado persistente de insatisfacción y preocupación por algún aspecto de la apariencia.
Bell (2010) subraya que una imagen corporal negativa puede ir desde un descontento leve hasta una obsesión extrema que limita el funcionamiento. Cierta insatisfacción puede incluso promover autocuidado; la problemática es aquella que perjudica la vida de la persona.
Janet (1903) habla de la obsesión por la vergüenza hacia el propio cuerpo y el miedo a ser considerado ridículo. En el mundo interno de muchos TA, esa vergüenza se contiene en la parte disociativa del yo rechazado (Seijo, 2000), especialmente visible en anorexia y bulimia, donde la imagen corporal ocupa el centro vital.
Yo rechazado: lo que la persona no quiere volver a ser nunca más. Existió en el pasado y hoy se rechaza porque representa aquello que avergüenza o preocupa. La distorsión de la imagen corporal opera como defensa disociativa de ese yo rechazado y se convierte en causa principal de bloqueos terapéuticos.
La distorsión es una disociación del cuerpo: evita lo que el cuerpo representa y transmite (sensaciones/expresiones).
La experiencia cotidiana no corrige la creencia: persiste la imagen estática del pasado (por ejemplo, la de los 15 o 17 años) que interfiere entre lo que el espejo muestra y la realidad presente.
Se acompaña de filtros cognitivos distorsionados (p. ej., conductas de daño o prácticas extremas para “modificar” rasgos).
También aparece el yo ideal: una imagen estática e irreal de forma y tamaño, nutrida por factores familiares, sociales o publicitarios. El contraste entre yo ideal y yo real alimenta la evaluación negativa.
Defensas asociadas al yo rechazado
Las defensas son mecanismos activados cuando el mundo interno percibe amenaza (real o imaginaria). Si es real para la persona, se toma como tal al inicio del tratamiento.
La defensa principal del yo rechazado es la distorsión de la imagen corporal, sostenida por tres defensas nucleares:
Rechazo
Oposición al cuerpo y a lo que representa, incluida su imagen y la forma en que se percibe.
Vergüenza
No mostrarse para ocultar lo percibido como negativo. En el mundo interno se interioriza en la parte disociativa del yo escondido (Seijo, 2012), cuya creencia nuclear es:
“No puedo mostrarme porque, cuando lo hice, me lastimaron.”
Esta parte suele emerger tras trabajar el yo rechazado.
Preocupación
Alerta constante para no volver a ser aquello del pasado. Genera un estado de hipervigilancia y desconfianza.
La imagen corporal pasa a ser limitante cuando la discrepancia entre imagen real y distorsionada se basa en la aversión hacia ese yo del pasado que no se quiere repetir.
La distorsión de la imagen corporal en diferentes trastornos alimentarios
La distorsión puede ir desde insatisfacción hasta obsesión extrema (como en el Trastorno Dismórfico Corporal, TDC), con chequeo obsesivo, camuflaje del “defecto”, cirugías innecesarias, autolesión o riesgo suicida (APA, 2014; Phillips, 2005). Los TA son relativamente comunes en personas con TDC (Ruffolo, 2006).
También se asocia a otras manifestaciones donde la disociación se expresa a través del cuerpo:
Vigorexia o dismorfia muscular
Preocupación obsesiva por el aspecto y distorsión que suele llevar a TDC.
Más frecuente en hombres (en aumento en mujeres).
“Coraza muscular” como defensa somatomorfa.
Conductas rígidas: ejercicio excesivo, dietas, suplementos, uso de anabolizantes (Phillips, 2009).
A menudo relacionada con traumas de humillación/abusos en la infancia.
Puede coexistir con AN, atracones/restricciones y aislamiento social.
Fatorexia
Trastorno descrito clínicamente pero no recogido aún por la literatura científica.
Distorsión absoluta entre peso percibido y real; la persona se ve delgada pese a un peso muy superior al rango saludable (según IMC).
Negación y disociación de la realidad corporal, espejo y báscula; dinámica inversa a la anorexia.
Puede ser tan dañina como la AN por la obesidad asociada.
Ejemplo: una paciente descubre 108 kg en báscula cuando en su última referencia recordaba 49 kg. Cambiaba de talla sin ser consciente, con hiperfagia y ausencia de preocupación por hábitos saludables, con riesgo para la salud.
Manifestaciones por diagnóstico (visión general)
Anorexia Nerviosa (AN)
El yo rechazado devuelve una imagen más grande que la real. Genera angustia, intensifica síntomas y favorece bloqueos. Es una de las partes más resistentes al cambio, con alto impacto cognitivo, emocional y social; aparece aislamiento para no ser vista.
Bulimia Nerviosa (BN)
El yo rechazado alimenta el circuito restricción → atracón → vómito. Aumentan la agresión al cuerpo, la impulsividad y conductas autolesivas.
Trastorno por Atracón (TDA)
El yo rechazado suele coincidir con el cuerpo actual que no se tolera mirar. Hay evitación del espejo y dificultades para hablar del cuerpo por la disociación. Alta somatización; el cuerpo se vive como “carga”. La angustia por el rechazo del cuerpo lleva a la comida para calmarse; sin conductas compensatorias, el peso aumenta, crece la aversión y se perpetúa el ciclo.
Abordaje terapéutico
Trabajar el yo rechazado y su defensa (la distorsión de la imagen corporal) requiere elegir un momento adecuado del proceso. Esta parte se encuentra en capas profundas del trastorno: intervenir demasiado pronto puede activar el mundo interno, aumentar defensas y bloquear el tratamiento.
También es clave encuadrar el papel de la piraña (crítica patológica; Seijo, 1999), que suele no aceptar al yo rechazado y dispara rechazo, vergüenza y preocupación para evitar el malestar.
Cuándo empezar: cuando la persona está estabilizada, se han neutralizado defensas generales y la crítica se ha reconducido a juicios más sanos. A partir de ahí, se enmarca el trabajo con el yo rechazado y la distorsión.
El abordaje se apoya en la Teoría de la Disociación Estructural (van der Hart, Nijenhuis y Steele, 2006) e integra distintas técnicas según el enfoque del terapeuta:
EMDR con protocolo del yo rechazado (Seijo, 2010).
Silla vacía (Gestalt) para propiciar diálogo entre partes y favorecer compasión e integración.
Terapia Sensoriomotriz para procesar trauma somático y facilitar nuevas creencias de sí.
Terapia de Esquemas para entender la función protectora de la parte y el esquema base.
La figura materna y la construcción de la imagen corporal
La autoestima se construye desde la necesidad de reconocimiento. Sin validación —especialmente desde la figura materna— el sí mismo se asienta en inseguridad y se buscará confirmación externa.
Las representaciones maternas son centrales en la imagen corporal. Siguiendo a Kohut (1977), la figura de apego materna aporta validación y aceptación, cimientos del sí mismo.
En el trabajo con el yo rechazado, emerge con frecuencia la relación con la madre, tanto como modelo físico como figura de apego a reparar durante el procesamiento.
Recogida de información y estabilización
Recursos y prevención
Valorar recursos disponibles para prevenir reacciones disociativas durante el trabajo.
Asegurar estabilización antes de profundizar.
Historia del yo rechazado
Pedir que identifique la parte (presente o pasada) que rechaza o avergüenza.
Especificar edad, apariencia, contexto vital y eventos asociados.
Psicoeducación
Explicar qué es el yo rechazado y cómo protege a través de la distorsión.
Promover compasión como meta integradora.
Diferenciar autoconcepto y autoestima:
Autoconcepto: imagen y reconocimiento de uno mismo (incluye apariencia y habilidades). Es dinámico y modificable con nuevos datos.
Autoestima: percepciones, pensamientos, sentimientos y conductas hacia uno mismo; impacta en la valía y el ser. Depende de lo que piensas de ti, no de lo que piensan los demás.
Pregunta clave
“¿Dónde aprendiste a verte a ti misma de esa manera?”
Esta respuesta orienta al origen y guía la conceptualización del caso.
Otras preguntas útiles
¿Cuántos años tenías cuando notaste el problema por primera vez?
¿Dónde aprendiste que cierto peso/figura es importante?
Cuando piensas en esa zona del cuerpo, ¿qué te hace creer acerca de ti misma?
¿Cuánto tiempo dedicas a ocultar o cubrir esa zona?
¿Qué más estaba ocurriendo en tu vida cuando fuiste consciente de ello?
¿Hay alguien en tu familia con el mismo problema?
El trabajo con la parte disociativa del yo rechazado
Evocación guiada
Pedir que traiga a la mente la imagen de su yo rechazado.
Recoger detalles: edad, ropa, postura, lugar, estado emocional, si está sola o acompañada.
Identificar rechazo, vergüenza o preocupación presentes.
Diálogo entre partes
Favorecer un diálogo interno entre el yo actual y el yo rechazado.
Objetivo: procesar las defensas que impiden la integración.
Validaciones terapéuticas (cuando sea posible, de forma breve y frecuente)
“Está bien ser como eres.”
“Nadie merece aprender que solo vale si está delgada.”
“Eres mucho más que tu cuerpo.”
“Fue duro creer que solo serías querida si eras guapa.”
Creencias nucleares
Detectar creencias invalidantes (“no valgo”, “si no soy guapa nadie me querrá”, “mi cuerpo no vale”, “soy gorda”).
Sustituir por creencias sanas que modifiquen la experiencia interna y la percepción de la realidad.
Indicadores de buen procesamiento
Las defensas de rechazo, vergüenza y preocupación disminuyen.
Aparece la pena hacia el yo rechazado → abre camino a compasión, aceptación e integración.
Objetivos terapéuticos
Identificar el cuerpo como propio.
Aceptar el cuerpo como propio.
Procesar el trauma contenido en el yo rechazado (nivel cognitivo y emocional).
Sustituir la distorsión de la imagen corporal por aceptación.
Sentir y cuidar el cuerpo con respeto.
Integrar la parte disociativa que representa el yo rechazado y su defensa.
Conclusión
Integrar el yo rechazado no solo aborda una de las partes más resistentes al cambio en los TA: también reintegra el cuerpo y las condiciones que llevaron a su disociación. Es un avance sustantivo en el tratamiento.
Bibliografía
American Psychiatric Association (2014). DSM-5.
Bell, L. & Rushforth, J. (2008). Overcoming Body Image Disturbance. Psychology Press.
Cash, T. & Smolak, L. (2012). Body Image: A Handbook of Science, Practice, and Prevention. Guilford.
Fisher, E. (1986). Development and Structure of the Body Image. Lawrence Erlbaum.
Kohut, H. (1977). The Restoration of the Self.
Leone, J. & Edward, J. (2014). Recognition and treatment of muscle dysmorphia… Journal of Athletic Training.
Phillips, K.A. (2005). The Broken Mirror. Oxford.
Phillips, K. (2009). Understanding Body Dysmorphic Disorder. Oxford.
Rosen, J.C. (1995). Assessment and treatment of body image disturbance. En Brownell & Fairburn (eds.).
Ruffolo, J., Phillips, K.A., Menard, W. (2006). Comorbidity of BDD and EDs… Eating Disorders Journal, 39(1), 11–19.
Schilder, P. (1935). The Image and Appearance of the Human Body.
Seijo, N. (1999, 2000, 2010, 2012, 2015). Publicaciones sobre TA, disociación y EMDR.
van der Hart, O., Nijenhuis, E., & Steele, K. (2006). The Haunted Self. W. W. Norton.




