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Boletín de la AEPP – Octubre 2018
Natalia, permítenos lo primero de todo darte las gracias por atender la invitación del Equipo Boletín de la AEPP y ofrecerte a participar en este número.
El Boletín es un nexo entre l@s soci@s, recoge periódicamente novedades de la Asociación y nos reúne en torno a temas y personas de interés para nuestra actividad. ¡Bienvenida!
Dedicamos este número al tema “Trastornos de la Conducta Alimentaria y Perinatalidad”, por lo que queremos aprovechar tu experiencia y trayectoria para explorarlo, mientras también conocemos más sobre ti.
¿Podrías presentarte brevemente para que l@s soci@s podamos conocerte un poco más?
Mi nombre es Natalia Seijo, soy natural de Ferrol – A Coruña. Soy madre y llevo trabajando de psicóloga desde hace 24 años. Me especialicé en trastornos alimentarios en la Unidad del Hospital del Niño Jesús de Madrid. A partir de ahí me he especializado en trauma complejo, apego, disociación, defensas en psicoterapia y trastornos psicosomáticos.
Desde el principio me apasiona mi profesión y creo que nunca dejaré de sorprenderme con todo lo que me ha enseñado a lo largo de estos años.
En la actualidad formo parte de un equipo de profesionales que adoro y que me acompañan cada día en el NS Centro de Psicoterapia y Trauma, en mi ciudad natal.
Háblanos un poco sobre tu trayectoria profesional y qué aspectos tuyos son los que mejor te definen en la actualidad.
Mi trayectoria profesional comienza con la especialización en los trastornos alimentarios y obesidad. Desde ese momento me dedico a ver pacientes y comienzo a dar charlas especializadas.
El primer abordaje psicoterapéutico en el que me formo es la terapia familiar sistémica. Los casos clínicos que me llegan desde el principio son complejos, historias de vida con mucho trauma, de modo que veo necesario buscar respuestas en diferentes abordajes psicoterapéuticos que me ayuden a enriquecer mi práctica clínica.
En el año 2003 nace mi hijo y descubro la terapia EMDR; dos acontecimientos que marcan un antes y un después en mi trayectoria personal y profesional.
En este enfoque encuentro una conceptualización clara para diseñar el plan de tratamiento que necesitan las pacientes con las que trabajo.
A partir del abordaje EMDR me formo como facilitadora y supervisora, y empiezo a dar formaciones a profesionales tanto nacionales como internacionales en cursos y conferencias especializadas.
¿Podrías comentar brevemente las características e incidencia de los TCA en población general y perinatal?
Los trastornos alimentarios (TCA) se pueden explicar como estructuras psicológicas de protección que la persona desarrolla para adaptarse a una realidad de vida que percibe como insana y dañina.
Son trastornos psicológicos y psiquiátricos, es decir, el problema no está en el cuerpo, sino en la mente, aunque acaba afectando gravemente a nivel físico también.
Los TCA tienen una función protectora y presentan diferentes síntomas que son la clave para ser diagnosticados.
La comida y cómo la persona la utiliza es el síntoma principal.
Se pueden representar como un iceberg, donde la parte visible (la conducta alimentaria) oculta un fondo más profundo donde se encuentra el origen del problema.
Principales tipos de TCA:
Trastorno por atracón: comer compulsivamente para calmarse, regularse o sentirse acompañado.
Bulimia nerviosa: episodios de atracones seguidos de purgas o vómitos, con repercusiones digestivas.
Anorexia nerviosa: restricción alimentaria extrema y búsqueda de control; puede llegar a niveles de riesgo vital.
Hiperfagia: comer pequeñas cantidades constantemente a lo largo del día, precursor frecuente de obesidad.
Síndrome del comedor nocturno: levantarse a comer o hacer recenas de forma reiterada.
Datos epidemiológicos:
En España, unas 400.000 personas padecen algún TCA; 300.000 tienen entre 12 y 24 años.
Es la tercera causa de enfermedad crónica según la Asociación Española para el Estudio de Trastornos Alimentarios.
Anorexia nerviosa: 9 de cada 10 son mujeres.
Bulimia nerviosa: 60% mujeres.
Trastorno por atracón: 50% mujeres.
TCA en la etapa perinatal:
El 37,1% de mujeres con clínica perinatal tiene antecedentes de TCA.
10,1% presentan anorexia nerviosa, 10,1% bulimia nerviosa, 10,1% cuadros purgativos incompletos, y 7% trastorno por atracón.
En mujeres con BN, se observan depresiones más severas.
En AN, se asocian antecedentes de trauma sexual, mientras que en BN se añaden abuso físico y trauma complejo.
¿Qué implica la maternidad como factor protector o desencadenante de los TCA?
El factor protector surge cuando algunas mujeres aceptan los cambios corporales del embarazo, priorizando el bienestar del bebé.
Por el contrario, la maternidad puede reactivar el trastorno al movilizar traumas vinculados al apego, la imagen corporal y la historia vital.
Los cambios en el cuerpo y la ganancia de peso pueden aumentar la ansiedad, especialmente en mujeres con antecedentes de TCA o trauma.
Los recuerdos de una infancia infeliz o traumática también son predictores de compensaciones alimentarias (vómitos o uso de laxantes) durante el embarazo.
¿Qué consecuencias tienen los TCA en la concepción, gestación o postparto?
Se han observado serias complicaciones tanto en la madre como en el feto.
Las mujeres con TCA suelen experimentar sentimientos negativos hacia la ganancia de peso y los cambios corporales.
Aunque algunos síntomas (restricción, vómitos, atracones) pueden disminuir durante el embarazo, reaparecen tras el parto.
El embarazo es también una oportunidad terapéutica para trabajar la aceptación del cuerpo.
¿Cómo abordas el tratamiento de una mujer con TCA, especialmente si está embarazada o en posparto?
Primero evalúo los síntomas principales: restricción, atracones, vómitos y compensaciones.
Evalúo intensidad y frecuencia para trabajar la regulación.
Si está embarazada, presto especial atención a los síntomas que afecten al bebé (desnutrición, vómitos, pérdida de peso).
Valoro la posible presencia de pregorexia (control extremo del peso en el embarazo mediante restricción y ejercicio excesivo).
Estos comportamientos pueden tener graves consecuencias para el bebé:
bajo peso al nacer, partos prematuros, abortos espontáneos o alteraciones en el vínculo madre-hijo.
¿Qué significa el “mundo interno de los TCA”?
El mundo interno es el resultado de las experiencias vividas que moldean la personalidad y los mecanismos de defensa.
Refleja cómo la persona siente, se protege, compensa o evita.
Trabajarlo en terapia aporta comprensión, calma y estructura.
Uso la metáfora de una madeja de lana enredada, que vamos desenredando poco a poco.
Dentro de ese mundo interno existen partes con sus propias creencias:
La niña que nunca lo fue: “Las cosas se hacen a mi manera.”
La niña que no pudo crecer: “Hay que enfermar para que me atiendan.”
La piraña: la crítica interna que lanza mensajes negativos sobre el cuerpo.
El yo rechazado: la parte que contiene la distorsión de la imagen corporal y el rechazo por el propio cuerpo.
¿Cómo utilizas el EMDR dentro de tu práctica?
El EMDR es un abordaje completo e integrativo que permite resolver los TCA en menos tiempo que los métodos clásicos.
He publicado un protocolo EMDR para TCA en colaboración con el Instituto Americano de EMDR, donde el trastorno se aborda no desde la conducta, sino desde su origen traumático y su función protectora.
¿Qué papel tienen las opiniones y comentarios de los otros significativos durante la gestación?
Aprendemos a vernos como nos han dicho que somos, no como realmente somos.
Los comentarios, tanto en la infancia como en la etapa adulta, marcan la autoestima y el autoconcepto corporal.
La aprobación o desaprobación sobre el cuerpo influye directamente en la autoimagen emocional de la mujer.
¿Qué aspectos del pasado exploras en la mujer con TCA?
Busco comprender:
Su historia de apego y vínculos primarios.
Hospitalizaciones, medicación y antecedentes con la comida.
Historia corporal: comentarios familiares, comparaciones, dietas.
Experiencias adversas o traumas (abusos, negligencias, rechazos).
Para reparar, establezco un vínculo terapéutico seguro.
Primero estabilizo los síntomas y, cuando hay seguridad, trabajo con el mundo interno (la niña, la piraña, el yo rechazado).
Finalmente, abordamos el origen del trastorno, integrando lo que antes fue una defensa.
¿Cómo han influido las redes sociales, la vida digital y la pandemia?
La digitalización tiene aspectos positivos y negativos.
Permite conexión y acceso a información, pero también fomenta la comparación constante y la autoimagen distorsionada.
Durante la pandemia aumentaron los casos de TCA:
la comida funcionó como elemento regulador frente al aislamiento.
Algunas personas, sin embargo, mejoraron al poder descansar y cuidarse más.
¿Qué valoras en la evolución terapéutica? ¿Solo la conducta alimentaria?
La conducta alimentaria es un indicador de regulación interna, pero centrarse solo en ella es quedarse en la superficie.
El objetivo terapéutico es sanar la raíz del trastorno, aquello que lo originó.
Trabajo con la paciente y su familia desde la metáfora de la alcachofa, en la que la mujer se protege bajo muchas capas de defensas.
El centro es la niña herida, que necesita ser vista y reparada.
¿Cómo se atienden los TCA perinatales en la sanidad pública?
Aún queda mucho por hacer.
Aunque el trato ha mejorado, la evaluación de hábitos alimentarios sigue siendo deficiente.
Se presta atención al peso, pero no al miedo a engordar ni al vínculo con el cuerpo.
Sería clave evaluar cómo vive la mujer los cambios corporales y su historia previa con la comida.
¿Ves necesario y factible el abordaje multidisciplinar?
Sí, siempre que exista coordinación y claridad de roles.
Los equipos multidisciplinares son efectivos cuando cada profesional conoce su función y se respetan los límites del trabajo conjunto.
¿Qué proyectos tienes para el futuro?
Mi proyecto actual es publicar el libro sobre trastornos alimentarios, un trabajo que me hace especial ilusión.




